May
12
2010
Los segundos brazales de cuero (2): entre el teñir y el pintar
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Escrito por Axil   
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Pues si, el siguiente paso es conseguir un tinte adecuado para teñir el adorno de los brazales. Sin embargo, esta tarea intimida un poco, más que nada por el miedo al síndrome de la compra a la carta.

¿Cómo? ¿Que nunca has oído eso del "síndrome de la compra a la carta"? Claro, es normal, porque me lo acabo de inventar.

Vamos a ilustrar a qué me refiero con el siguiente ejemplo


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Edificante cuento de Inocencio Garcilópez y Bermenundio Tornapasas

Inocencio Garcilópez era un tipo normal, tal vez un puntín pánfilo, que un buen día decidió que tenía que comprar un quisicoso.

Y vosotros os preguntaréis, queridos niños, qué es eso de un quisicoso. Bueno, un quisicoso puede ser de todo. Podéis imaginar que es un electrodoméstico, una herramienta, un cacharro electrónico... pero vamos, podría ser cualquier otra cosa, como una jaula para hamsters, medio kilo de carne picada o un tinte para cuero. Pero, para lo que aquí nos interesa, vamos a hablar, en genérico, de un quisicoso.


Inocencio no es que fuera un experto quisicoseador. Había manejado algún quisicoso en el trabajo, pero sólo de una forma muy básica. El caso es que Inocencio llevaba tiempo dándole vueltas. Hasta su mujer le dijo un día:


- Inocencio, deberías comprar un quisicoso como el que tiene el vecino de enfrente, que es muy elegante y además queda muy moderno.

- No sé, chica, ¿tu estás segura? Es que eso de la quisicosería no lo controlo mucho, y no sé si le voy a sacar mucho partido...


- Que sí, hombre, que enseguida le pillarás el truco.


Así que, por fin, Inocencio se acercó a una tienda a comprar un quisicoso.
Y os preguntaréis, queridos niños, cómo es una tienda de quisicosos. Pues las hay de muchos tipos, pero ésta en particular era una tienda pequeña, algo polvorienta y un tanto oscura, tal vez; de esas que parece que antes han sido una mercería. Cuando Inocencio entró en la tienda, incluso sonó una anticuada campanilla cuando abrió la puerta. La tienda no era muy grande, y un mostrador de madera ocupaba toda la pared del fondo.

La tienda estaba desierta, excepto por el tendero.
El tendero de nuestra historia se llamaba Bermenundio, Bermenundio Tornapasas. Bermenundio estaba sentado tras el mostrador, en una esquina del mismo, hablando por teléfono. Cuando sonó la campanilla de la puerta, Bermenundio no levantó la vista, y siguió hablando por teléfono. Hablaba de fútbol, al parecer con un amigo.

- Si, una vergüenza lo del árbitro. Está claro que hubiéramos ganado, pero seguro que le habían pagado esos mamonazos del Calabrevas FC. Eso si ¿viste esa jugada de Zwyrifowsky? ¡Qué bueno! Si es que el tío es un crack, cómo burló a Chumbowf y...


Y así seguía Bermenundio comentando el último partido con un amigo. Un par de veces levantó la vista y dirigió a Inocencio una mirada inexpresiva, mientras seguia hablando.

Inocencio empezaba a cambiar su peso de un pie a otro, un tanto incómodo. Lo cierto, queridos niños, es que Inocencio estaba un poco molesto, porque él pensaba que había que ser amable con los demás, y, como esperaba que la gente fuera amable con los demás, creía que lo normal hubiera sido que Bermenundio dijera al auricular algo así como "Oye, te dejo, que tengo aquí un cliente, luego hablamos". Pero claro, como Inocencio pensaba que había que ser amable con los demás, tampoco iba a protestar, ni a decirle nada a Bermenundio . Y es que, queridos niños, ya os he dicho que Inocencio era un poco pánfilo.


Dos o tres minutos más tarde, Bermenundio terminó su conversación, y, por fin levantó la vista hacia Inocencio, mirándole como se mira algo que se te ha quedado pegado a la suela del zapato.


- Dígame ¿en qué puedo ayudarle?
Y es que Bermenundio siempre llamaba de usted a los clientes, y empleaba expresiones educadas con ellos. Así, aunque su tono de voz y su cara dijeran otra cosa, nunca podrían quejarse de que fuera un maleducado. Inocencio, esbozando una tímida sonrisa, dijo:

- Eeeh, sí, hola. Esto... yo quería un quisicoso, por favor.


- Sí, claro, ahora mismo. ¿Lo quiere retrovasal, optiamplio, o lupiforme?


Y vosotros os preguntaréis, queridos niños, qué significan esas palabras tan raras. Pues lo mismo se preguntaba Inocencio, que no las había oido antes en su vida. Inocencio pensaba que un quisicoso era... pues eso, un quisicoso. No sabía que hubiera de tantos tipos, ni en qué se diferenciaban.
Inocencio dudó durante un par de segundos, y entonces dijo:

- Pues... la verdad es que no estoy seguro. Es que no entiendo mucho de quisicosos, ¿sabe? ¿En qué se diferencian?

Bermenundio miró a Inocencio de arriba a abajo con una expresión de infinito asco, con una mueca que estaba diciendo "mira este inútil que no sabe lo que quiere, que no tiene ni idea de quisicosos, cómo me va a hacer perder el tiempo". Sin embargo, en los ojos de Bermenundio había un brillo especial... un brillo que... veréis niños, era un brillo... como el brillo de los ojos de un gato que acaba de ver un pajarillo herido, agitándose desesperadamente en el suelo.


- Los retrovasales son para tremolados ansostéricos. Si va a usar tremolados olifotos, se suelen emplear quisiscosos optiamplios, aunque claro, es cuestión de gustos. Y, por supuesto, los lupiformes sirven para ambas cosas, aunque claro, son bastante más caros.


El pobre Inocencio no había entendido gran cosa, excepto que los últimos que había dicho aquel señor eran bastante más caros. Estaba empezando a dudar de su decisión de comprar un quisicoso, pero aún así contestó, disimulando un poco:

- De los dos primeros que me ha dicho, ¿cuales son mejores para un uso normal, así, en casa?

Bermenundio dejó escapar un breve resoplido de impaciencia y respondió:

- Pues ya se lo he dicho, depende del tremolado que vaya a usar.


Inocencio empezaba a notarse algo rígido. Con la sonrisa congelada en su cara, y un poco al azar, preguntándose si se iba a arrepentir, dijo:


- Bueno, vale... pues casi deme uno retrovasal.


- Si claro. ¿Lo quiere de base isostática o equiparada? - respondió inmediatamente Bermenundio, con una enorme y cruel sonrisa cruzando su cara.


- Equiparada, por favor - respondió Inocencio rápidamente, conteniendo las ganas de añadir "De perdidos, al río". Pero no iba a atrapar a Bermenundio tan fácilmente.


- Puff, quisicosos retrovasales de base equiparada hace tiempo que no se fabrican.


- Bueno, pues entonces deme uno de base isostática.


- ¿De base isostática? Pues no sé si me quedan, pero de todas formas, si lo quiere de base isostática, lo suyo sería que se lo llevara lupiforme, ¿no?

Inocencio ni se paró a pensar en que le habían ofrecido cosas que no existían, o que no había en la tienda. Simplemente quería acabar con aquello lo antes posible, pero sí que se dió cuenta de que la cosa había vuelto a los quisicosos más caros.

- Bueno, entonces casi que mejor que no, deme uno de los otros, de los optiamplios.

- ¿Pero no decía que era para tremolados ansostéricos? Bueno, usted sabrá lo que hace, el cliente siempre tiene la razón - espetó Bermenundio con un encogimiento de hombros. - ¿Va a utilizarlo con propelones normales o anaxiales?


- Normales, normales. -se apresuró a responder Inocencio, con fingida seguridad, mientras una gota de sudor frío le recorría la espalda


- Muy bien, pues aquí tiene - dijo Bermenundio mientras ponía una caja encima del mostrador.
La verdad es que el dibujo de la tapa no se parecía demasiado a ningún quisicoso que hubiera visto antes Inocencio, pero a estas alturas le daba demasiada vergüenza preguntar. Así que, intentando abreviar al máximo, preguntó el precio del quisicoso.


- Tropocientos cincuenta doleuros, caballero.


- ¡Tropocientos cincuenta doleuros! ¡Pero eso es carísimo para un quisicoso!


- Hombre, es que éste modelo viene con un regulador de infraflujo que es lo último


- ¿Y no tiene una cosa más normalita?


- ¿Una cosa más normalita? - repitió Bermenundio torciendo el gesto y mirando a Inocencio con desprecio. - Bueno, tiene usted estos, pero le advierto que son mucho peores - dijo, mientras arrojaba sobre el mostrador una caja algo más pequeña.


- ¿Cuánto cuesta éste? - preguntó Inocencio, avergonzado y sin atreverse a levantar la vista


- Pococientos veinte doleuros. No creo que vaya a encontrarlo mucho más barato, la verdad, pero vamos, usted sabrá si quiere uno de estos...
-

¿Tiene alguno un poco mejor que tampoco sea mucho más caro?


- Bueno, sí, supongo que algo habrá. Debo tener todavía algún modelo infácromo, y puede que haya algún orcológico. ¿Cual prefiere?

- Ná, déjelo, casi que me llevo este - respondió Inocencio con un hilillo de voz, temiéndose que todo volviera a empezar.

Y así, queridos míos, acaba la histora de Inocencio Garcilópez. Otro día os contaré lo que hizo Inocencio con su quisicoso, y cómo llegó a saber más sobre los diferentes tipos de quisicosos, y cómo con el tiempo dejó los quisicosos y se pasó a los cachirulos. Y también os contaré como a Bermenundio le tocó la lotería, lo que hizo con el dinero, y cómo llegó a un prematuro, triste y pringoso final, en un accidente que involucró una batidora, media docena de calabacines de buen tamaño y un tarro de miel. Pero eso, queridos niños, es otra historia, y será narrada en otra ocasión...

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Supongo que ya os habéis hecho una idea de lo que es el "síndrome de la compra a la carta". Es ese miedo que se suele sentir la primera vez que vas a comprar algo de lo que no tienes mucha idea, y que es susceptible de volverse complicado.

Pues esa terrible sensación tenía yo cuando me enfrentaba a la idea de comprar tinte para cuero. Me había estado documentando por internet, y había leído ávidamente a los hábiles artesanos que saben de esto mucho más que yo (gracias again and again, Duraglar) y, aunque me había preparado a conciencia, aún no las tenía todas conmigo.

Así que un día, volviendo del trabajo, me presenté con mi Vespa en la curtiduría más cercana que conozco, y, con cierta cantidad de nerviosismo, tras respirar profundamente, solté de un tirón:

- Hola, buenas tardes. Mira, busco un tinte para cuero, que no penetre demasiado y que cubra bien la superficie, osea, que mejor que no sea al alcohol. Es para un curtido al cromo, aunque tampoco estoy del todo seguro, y me haría falta que no fuera demasiado líquido porque...

Ahí me paré, porque el dependiente me miraba con los ojos muy abiertos, y el puro que se estaba fumando parecía a punto de caer de sus labios. Recuperando la compostura, me miró con cara de susto y me dijo, con un cierto tono de histerismo:

- Aquí de esas cosas no entendemos, aquí solo tenemos tinte para cuero, de esas cosas no tengo ni idea. Nosotros, sólo tinte ¿entiendes? Tinte para cuero, nada más.

Yo no sabía si reir o llorar. Confieso que me dejó completamente descolocado. Tanto preparar el tema, y al final le acabé por dar la vuelta a la situación ¡era el vendedor el que estaba sufriendo el "síndrome de la compra a la carta"!

- Vale, pues entonces dame uno rojo. ¿Como para cuánto cuero da ese bote?

Y de allí salí, con mi tinte de marca Tarrago y un par de pincelitos baratos, y con una agridulce y extraña mezcla de alivio y frustración.

El tinte en cuestión resultó ser poco más o menos lo que yo quería. La primera capa entró bien en el cuero, y sin extenderse fuera de los bordes, y la segunda quedó bien destacada. Tal vez un poco demasiado brillante, tiene un aspecto tipo esmalte, pero al menos cubre bien un cuero que ya era bastante oscuro.

Lo que no resultó nada bien fue el par de pinceles. Al cabo de unas pocas pinceladas, se abrían como una flor en primavera, y te las veías y te las deseabas para mantener un trazo definido. Menos mal que el relieve del repujado facilita considerablemente la labor.

Con un par de capas, el teñido quedó bastante aparente. Ya sólo faltaba pegar y coser los refuerzos, y taladrar con el sacabocados para pasar las tiras de cuero del cierre.

Creo que cuando hablé de los primeros brazales no mencioné que, para que queden bien formados, hay que volver a mojarlos bien y dejarlos secar cerrados. Bueno, pues hay que hacerlo.

Estos nuevos brazales me han quedado bastante más cómodos, sobre todo porque son mucho más cortos, y así no interfieren en el movimiento de la muñeca ni del codo. Eso sí, siguen siendo lo bastante sólidos para parar de forma solvente cualquier arma negra, aunque un arma afilada los haría filetes sin problemas (hay que seguir probando eso del cuero endurecido)

Y así os dejo hasta la próxima entrada, donde hablaremos del arte del gorroneo de favores para la fabricación de herramientas especializadas para trabajar chapa.

Porque ¿qué sería de la artesanía herreril y armadurística sin la ayuda de un buen fontanero?

lunes, junio 04, 2007

Los segundos brazales de cuero (1): siendo empresa

Una vez analizado el balance de nuestras anteriores experiencias, y tras una profunda reflexión sobre la visión de la compañía, hemos llegado a la conclusión de que ya disponemos del know how necesario para emprender importantes proyectos de mejora, que nos lleven a cumplir nuestro objetivo de ser líderes en nuestro sector.

En esta nueva etapa, nos enfrentaremos con orgullo y proactividad a los nuevos retos que nos señala nuestra dirección, y, muy especialmente, al que nos ha traído aquí hoy.

Tras un profundo análisis de imagen de marca, encargado a la prestigiosa firma Myownarms Consulting, hemos identificado que nuestros clientes no perciben en nuestro último producto -los brazales de cuero- todos los atributos de elevada calidad y altas prestaciones para los que fueron concebidos.

Una vez determinado este punto de mejora, no hemos tardado en poner a trabajar a nuestros departamentos de marketing y Quality Assurance en la elaboración de una serie de mejoras, no sólo del producto, sino también de nuestros procesos internos. Optimizando nuestro proceso de producción, siempre en línea con los valores de nuestra empresa, esperamos obtener el reconocimiento que esperamos por parte de nuestros clientes. Estamos seguros de que, tras la puesta en el mercado de nuestros nuevos brazales 2.0, nuestros clientes tendrán claro que hablar de AxilArmouring Very Ltd. es hablar, no sólo de calidad y diseño, sino también de una elevada performance que nos permite situarnos como un referente de mercado para los consumidores más exigentes.

El departamento de R&D lanzó, con todo éxito, una completa reingeniería del diseño, aprovechando nuestra experiencia para situarnos, una vez más, en el leading edge del sector. Partiendo del ya clásico diseño de nuestros brazales 1.0, una interminable lista de mejoras técnicas dejan claro que nuestros brazales 2.0 han nacido con vocación de líder.

Podemos ver, en esta slide, como los brazales se han acortado considerablemente para permitir una mayor libertad de movimientos.

Apreciamos también un cierto ensanchamiento, reclamado por nuestros clientes para mejorar las prestaciones en la cara interna del antebrazo, aunque hay que recordar que nuestro diseño inicial está orientado a un target compuesto por varones de 180cm con muñecas muy finas para su estatura y peso: puede ser necesaria cierta adaptación para orientarlo a diferentes nichos del mercado.

Y, por supuesto, como resultado del excelente trabajo de nuestros más punteros diseñadores, vemos la curvatura de la pieza junto a la muñeca, curvatura que mejorará ostensiblemente el ajuste de la misma. Sin duda, un detalle en consonancia con la elevada calidad general de nuestros productos, y cuya concepción se debe en gran parte al feedback recibido de nuestro equipo en off-shore.

Y cómo olvidar el nuevo proceso de acabado. Gracias al outsourcing con nuestro partner estratégico Duraglar, hemos implantado una nueva metodología de repujado, gracias a la cual hemos alcanzado importantes sinergias.

Mediante el método de cortar con un cutter tipo bisturí la capa más superficial de la piel, se obtiene una doble ventaja: se facilita el perfilado, permitiendo diseños mucho más intrincados, y, adicionalmente, se optimiza el siempre delicado proceso de humectación de la piel.

Esta tecnología nos proporciona una importante ventaja competitiva, ya que, sin más que frotar el cuero con una esponja húmeda, el agua penetra por los cortes y empapa en profundidad la zona de cuero a trabajar. De esta forma, no se hace necesario empapar toda la pieza, lo cual permite implementar el repujado de una forma modular, poco a poco, y sin reblandecer innecesariamente las partes ya terminadas.

El proceso productivo ha supuesto un sobreesfuerzo importante para nuestras áreas operativas. Cabe señalar la gran implicación del grupo DedoIndiceDerecho, que puede estar orgulloso del trabajo realizado, aunque la insensibilidad que aún arrastra desde hace ya tres días, está impactando negativamente en el rendimiento de las tareas de hurgado nasal avanzado, que también lidera este equipo.

Para terminar, como CEO de esta compañía que tanto representa para todos nosotros, me alegra anunciar que vamos a diversificar nuestras actividades, tras la reciente adquisición de las herramientas necesarias para adentrarnos en el mercado del teñido, actividad en la que esperamos alcanzar unas cotas de calidad y competitividad equiparables a la del resto de nuestra producción.

Por tanto, me complace comunicaros que brazales 2.0 será el primer producto que pase por nuestra nueva factoría de teñido, de nuevo gracias a la experiencia aportada por los expertos consultores de Duraglar.

Sin más, os dejo con esta última slide, que muestra el último prototipo del nuevo brazales 2.0. Sé que podemos contar con todos vosotros a la hora de abordar este nuevo y apasionante desafío; un reto que nos hará dar un nuevo paso adelante en nuestras carreras profesionales. Es tarea de todos hacerlo llegar a buen puerto, y -estoy seguro- su increíble éxito nos hará sentirnos a todos orgullosos de ser parte de esta firma.


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Los segundos brazales de cuero (2): entre el teñir y el pintar
Miércoles, 12 Mayo 2010
Pues si, el siguiente paso es conseguir un tinte adecuado para teñir el adorno de los brazales. Sin embargo, esta tarea intimida un poco,...

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